• Asignatura: Historia
  • Autor: Anónimo
  • hace 2 años

ayúdeme por fisss estoy en grupo necesito las preguntas y la infografía si es posible en el documento el que no sabe no responda y no pongan otras cosas.
doy corona

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Respuestas

Respuesta dada por: ezequiel493
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me sacas una cap no puedo descargar eae archivo


Anónimo: no puedo sacar cap
Anónimo: pero quizá puedas hacer una infografía sobre el texto que voy a enviar pero puedes resaltar los puntos más importantes y sacar de google
Anónimo: EL ÁRBOL DE LA QUINA
Te vamos a contar una historia que sucedió en el siglo XVII. En una región muy cálida llamada Loja, un indio se sentía muy enfermo. La cabeza le ardía, un frío intenso le helaba y le sacudía el cuerpo, y sus dientes chocaban el uno contra el otro.
Ni las yerbas del curandero de la tribu, ni las palabras mágicas del hechicero habían podido curar al pobre indio. Envuelto en un grueso
Anónimo: grueso poncho se fue el hombre por el campo; casi no podía caminar. Cerca de una acequia, bajo unos árboles del frondoso follaje, se sentó el indio. Tenía mucha sed y sacó agua del arroyo, allí donde crecía y mojaba sus raíces uno de esos árboles.
El agua tenía un gusto muy amargo, pero tan grande era la sed del enfermo que tomó varias veces del áspero brebaje.
Anónimo: ¿Qué virtudes maravillosas tenía aquella agua que calmó la fiebre del indio, le devolvió sus fuerzas y lozanía a su rostro marchito y amarillento?
Nadie, en la región, podía curarse de aquellas fiebres que cada cierto tiempo se apoderaba de lo que las habían sufrido una vez; él, Pedro de
Anónimo: Leiva, había encontrado el árbol de la quina o de la cascarilla; el maravilloso remedio que iba a sanar las tercianas o fiebres palúdicas, que en el Viejo o Nuevo Mundo nadie podía curar. El indio hizo conocer la medicina, y cuando los indígenas se sentían atacados por las enfermedades, tomaban la corteza de árbol de la quina diluida en agua.
Anónimo: En el palacio del Virrey, en Lima, la Virreina estaba muy enferma. La palúdica se habían apoderado de ella, y su médico no sabía como detener el mal.
El Virrey sufría porque su esposa se moriría y no había remedio para vencer su enfermedad. En las iglesias y en los conventos de la ciudad se rogaba a Dios por la salud
Anónimo: de la Condesa. Las noticias llegaron hasta la lejana provincia de Loja, donde se había descubierto el árbol de la quina. Un jesuita trajo a Lima los preciosos polvos que curaban la terciana.
Después de tomar varias dosis de los polvos, la virreina sanó.
Anónimo: La corteza del árbol de la quina había vencido una vez más a las fiebres palúdicas.
La tierra generosa de América daba al mundo otro tesoro precioso: El árbol de la salud y de la vida.
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