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Un virus mutante suena instintivamente aterrador, pero mutar y cambiar es lo que hacen los virus.
La mayoría de las veces es un ajuste sin consecuencias o el virus se altera a sí mismo de tal manera que se debilita al infectarnos y la nueva variante simplemente desaparece
Hay miles de variantes de COVID-19 circulando por todo el mundo. La primera mutación importante de COVID-19, que pareció aumentar el contagio, se detectó al principio de la pandemia: la variante D614G. Ésta rápidamente se convirtió en la mutación definitoria de las variantes predominantes que causan infecciones por COVID-19 en los Estados Unidos, durante los últimos ocho meses. Desde entonces, las cepas que llevan D614G han acumulado nuevas mutaciones y se han dividido en tres grupos variantes principales.
Recientemente, han surgido más variantes, que incluyen:
• Cepa B.1.1.7: detectada por primera vez en el Reino Unido en septiembre de 2020
• Cepa B.1.351: detectada por primera vez en Sudáfrica en octubre de 2020