• Asignatura: Historia
  • Autor: armendarizan
  • hace 3 años

investiga una leyenda de México de la época prehispánica o colonial dónde narre la gran riqueza de nuestra creencias como mexicanos​

Respuestas

Respuesta dada por: kandycarita
0

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Respuesta dada por: pgarciamarin328
4

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La leyenda del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl

pueblo Tlaxcalteca, cansados de la opresión por parte del imperio Azteca, decidieron enfrentárseles para obtener su libertad. Popocatépetl era un joven guerrero que estaba enamorado de Iztaccíhuatl, la hermosa hija del jefe de los Tlaxcaltecas, sentimiento que también ella sentía por él. La batalla que se avecinaba presagiaba graves dificultades por ser los aztecas superiores en número al ejército Tlaxcalteca. Antes de partir a la batalla, el joven guerreo pidió la mano de Iztaccíhuatl a su padre, a lo que éste accedió, asegurándole que a su regreso celebrarían el matrimonio de ambos, así como su victoria. Y así, Popocatépetl se marchó a pelear por el honor de su pueblo, llevando consigo la promesa de su amada de esperarlo sin importar cuánto tiempo tardase en llegar. El tiempo transcurría y en el asentamiento de los tlaxcaltecas no se tenían noticias de los avances en la guerra ni de Popocatépetl. Iztaccíhuatl sufría mucho ante la incógnita del paradero del guerrero y, en ese estado de fragilidad, un antiguo rival de Popocatépetl la convenció de que éste había muerto en batalla, fue un duro golpe para ella y muy pronto la tristeza y desolación la hicieron caer enferma llevándola en poco tiempo a la muerte. Tiempo después regresó Popocatépetl junto a los demás guerreros sobrevivientes, trayendo consigo la victoria. Pero la felicidad rápidamente se transformó en tristeza al enterarse que su amada había muerto. Esa noche no hubo fiesta ni risas, sólo el lamento del gran guerrero Popocatépetl rompía el silencio de la noche. Tomó el cuerpo inerte de su amada y la llevó a lo alto de un monte cercano, allí recostó a su amada para que reposara en paz mientras él, hincado ante ella y con una antorcha humeante en sus manos, velaría por el sueño eterno de la hermosa Iztaccíhua

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