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Es mucho más sencillo y más accesible encontrarnos con comida ultra procesada y con azúcares que encontrar comida que no la tenga. Además, el tipo de actividades de ocio que se promueven son, en gran parte, sedentarias. Queramos o no, estos estímulos afectan a nuestro estilo de alimentación, a nuestra vida y al riesgo de padecer obesidad.
Este ambiente en todos los aspectos de nuestra vida nos afecta. Pensemos en la hora de hacer la compra y decidir qué comer: lo primero, probablemente por el trabajo no tengamos demasiado tiempo libre para dedicarlo a cocinar. Y en el supermercado los platos precocinados y rápidos están muy a mano y a la vista. Lo segundo, es que muchos productos que creemos que son saludables, llevan mucho más azúcar de lo que creemos, como los yogures o los cereales.