quien y como se establecían los tiempos de trabajo en la revolución industrial
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Respuesta:
producción que al productor directo —fenómeno evidente desde la etapa de
los colegios romanos y hasta el final de las corporaciones de oficios— y con
esa misma tesis se sacrifica hoy al empleo en beneficio del producto final,
para lo que la tecnología sirve como el instrumento de mayor eficacia. No
faltan ominosas advertencias a propósito de que el trabajo como tal puede,
inclusive, llegar a desaparecer.
Dice Saint-Leon que los estatutos de las primeras guildas contienen muy
escasas referencias a la jerarquía profesional aunque en sustancia hacen referencia
a los aprendices, a los compañeros y a los maestros, repetición evidente de
los discipuli, de los famuli y de los magistri de los colegios romanos.
Las corporaciones de oficios, continuación natural de las guildas, parecerían
encontrar su manifestación más rotunda a partir del siglo XIII con un final
lógico en 1791, en la antesala de la Revolución francesa pero ya en pleno
desarrollo de la Revolución Industrial.
La obra que expresaría mejor que ninguna otra la organización de las cor-
poraciones sería el Libro de los Oficios de Etienne Boileau (o Boiliaue, según
indica Saint-Leon que figura en los manuscritos). Fue preboste de París desde
1258, con facultades amplísimas para el cuidado del orden. Su obra es una
recopilación de todos los usos y reglamentos vigentes en París sobre los oficios
y las corporaciones.75
Lo característico de la corporación era la escala gremial, que se repite siem-
pre en la historia, inclusive en la actualidad, con regulación de la duración
del aprendizaje y de los deberes del aprendiz que podía ser corregido por el
maestro, quien ejercía, con la enseñanza, una especie de tutela civil con obli-
gación alimenticia y educativa.
La vinculación del aprendiz al oficio, una limitación fundamental a la li-
bertad que a fines del siglo XVIII provocó, entre otras razones, la extinción
del sistema corporativo, parecería una nota esencial aunque tampoco se trata de
una característica permanente de todos los oficios.
El aprendiz capaz se transformaba en compañero una vez que adquiría el
maestrazgo y asumía la condición de obrero especializado.
El grado máximo de maestro exigía la realización de una obra maestra, un
verdadero examen profesional ante un tribunal integrado por maestros que
solía culminar, se supone que de resultar exitosa la prueba, con un costoso
banquete que el nuevo maestro ofrecía a sus iguales.
El candidato a maestro, criado según la calificación de Saint-Leon,76 debía
prestar juramento y si pasaba el examen, adquiría la maestría, previo pago de
derechos usualmente conocidos como precio de “la compra del oficio”. A
veces el rey mismo otorgaba los privilegios.
Las corporaciones tenían una cuidadosa administración y, de acuerdo a
Saint-Leon, tenía que tener una calidad moral.